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Donde desprecian los infiernos


Entonces vivía allí donde se desprecian los infiernos.
Me internaba en mis pesadillas para romper los estigmas
mientras en la antesala del crecimiento la ceniza de un cigarrillo,
como una paloma, caía al piso y se desintegraba
manchando de plumas leves el zapato de un forastero
consignado a crecer hasta que entienda de qué forma
debe sumirse a sus raíces y respetar las tradiciones de su pueblo.
Mandatos inconcebibles en los que la desazón se mezcla furtivamente
con el deseo de los cambios necesarios a la hora de que conciernan
las diferencias de las muecas esquivas del conocimiento sobre los asuntos
mas inefables de todo asunto y de toda esperanza fuera de los límites.

Entonces vivía allí donde se desprecian los infiernos.
Solía ganar pasos a algunos trashumantes que se dejaban llevar
sin gracia ni estilo por los conductores homicidas que celebran navidades
a costa de la extinción de otros que nada saben de cristiandad o de lo divino
de la comedia o el drama o ambas cosas en un mismo instante, en ese instante
en que la paloma se precipita a un cielo cada vez mas inalcanzable.
Dormía sin descanso para volver al ruedo con un sarcasmo, obligado por
las circunstancias de un domingo sin gloria, sin penas, sin nada
que finalmente significara lo relevante de un valor que defina la importancia
de la deslealtad de la siniestra mujer que se internaba en mis besos
para doblegar mi fiebre y el olor nauseabundo de mi sueños
metidos unos sobre otros, como una interminable trenza de ignorancias.

Entonces vivía allí donde se desprecian los infiernos.
Hoy mismo recuerdo aquel tiempo como si no hubiera sucedido nunca.
Quizás mi mente es la que se encapricha en transitar esos olvidos
sobre tiempos que nunca fueron realmente y la mentira que se me antoja
sirva alguna vez para armar una verdadera historia elegida por fin y principio.
Ahora ya no vivo allí, no estoy en ese lugar sino que el lugar aquel
ha ido mutando sobre mi existencia hasta atraparme en éste bostezo.
Mis pesadillas no superan lo que cada día me sucede pero su indescifrable
mandato hace que crezca en éste sentido que cambia momento a momento.

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Horrible esperanza

Sumido a la frescura más vital
del ardor violento del olvido sobre la piel
imaginando la existencia frágil
dentro de este envase sin caducidad
pero que vencerá de todas formas
me propongo
lavarlo con fuego
ensuciarlo con nubes
perfumarlo con aire infecto
tocarlo con magia develada
entregarlo a la desidia de ella
enfermarlo con vicios al vicio
liberarlo con mandarinas de estación
y romperlo en una sola fracción.

Me llevaré a caminar en la maleza
guiado por la pura intuición de sus fronteras
para que la naturaleza me explote en las tripas
poniendo la confianza en el silencio
de la sordera y la muda palabra
que se ignorará a inconciencia
para respirar hondo, orondo y sencillo
al ritmo airoso de una canción desconocida
cantada con pulso ausente para
la danza de la furia enloquecida
que enloquecerá furiosa y letal
de cara al concierto íntimo de mis propias iras.

El viento soplará bravo como sopla el viento
en estas épocas de poco coraje
que entre maldades provocadas
viene a impregnar…

Por si acaso

Si usted señora
acaso se atreva a escucharme,
le diría que nada yace bajo el lacio
porque no quedaron cabales ni posibles
y la salubre ansiedad no es madre de miedos.

Si usted misma
fuese a tropiezos sobrevolando,
la acogería donde no anida el rumor
porque he dejado de ser por este cuerpo
y amuro en mis pesadillas una rasca de sueño.

Si usted también
apostara y acertara en rodearme,
le entendería lo que bien sepa decir
porque a fuerza he escuchado maldades
y he aprendido a separar palabras sin sentido.

Si usted ahora
lanzara fuerte y artero el rayo,
le consentiría amaneceres ajustados
porque no hay noche de ayer mejor a hoy
y sepa señora que ya no persigo vanas victorias.

Si usted mañana
oyera de mi boca un imposible,
no inquiete sus romanceras alarmas
porque no suplicaré sus beneficios severos
y estaré en la puerta de sus labios por si acaso.


Renacernos

Un día cualquiera
para el inicio de todos los días
nos caeremos al barro.
Nos volveremos al barro
y del barro nos reinventaremos
para fundar oportunidades
para saltar al otro lado
y desde el otro lado
renacernos.

Un tiempo cualquiera
para el reincio de los tiempos
nos reinauguraremos en adelabios.
Nos volveremos ademanes en la piel
y del puro cuero crearemos un nosotros
para antojarnos errantes
para dejarnos llevar sin traernos
y desde todas las distancias
renacernos.

No sabremos de saber, todo.
No podremos de poder, todo.
No renunciaremos de abandonar, todo.

Desde nuestros confines
oportunamente nos reiniciaremos
para humanizarnos cuando lo salvaje
ya no nos salve.

Para humanizarnos desde el barro
de agua y humus.

Para caernos, ¿por qué no?
Y renacernos.