Ir al contenido principal

Entradas

Horrible esperanza

Sumido a la frescura más vital
del ardor violento del olvido sobre la piel
imaginando la existencia frágil
dentro de este envase sin caducidad
pero que vencerá de todas formas
me propongo
lavarlo con fuego
ensuciarlo con nubes
perfumarlo con aire infecto
tocarlo con magia develada
entregarlo a la desidia de ella
enfermarlo con vicios al vicio
liberarlo con mandarinas de estación
y romperlo en una sola fracción.

Me llevaré a caminar en la maleza
guiado por la pura intuición de sus fronteras
para que la naturaleza me explote en las tripas
poniendo la confianza en el silencio
de la sordera y la muda palabra
que se ignorará a inconciencia
para respirar hondo, orondo y sencillo
al ritmo airoso de una canción desconocida
cantada con pulso ausente para
la danza de la furia enloquecida
que enloquecerá furiosa y letal
de cara al concierto íntimo de mis propias iras.

El viento soplará bravo como sopla el viento
en estas épocas de poco coraje
que entre maldades provocadas
viene a impregnar…
Entradas recientes

Para siempre

Creó con sus cicatrices un mapa
trazando senderos que jamás recorrería
y a tientas comenzó a caminar
en el sentido contrario.

Creó peldaños por los que no bajó
ni subió a ninguna parte
y al margen del relieve se elevó
profundamente en la gravedad del caso.

Se transformó intuitivamente
tragando con voracidad despojos de sabios
y regurguitó generosamente
verdades sin rigores torpes.

Salió saludando salud para mezclarse
sin prejuicios entre tantos otros
y no supo lidiar mansamente con los necios
de lengua larga y espejos rotos.

Los locos ausentes, repudiaron su presencia.
Los cuerdos presentes, repudiaron su ausencia.

Un día cualquiera
una bala de solemne soledad
lo mató para siempre.

Quizás mentiras

Siempre lo oculto,
me surmerge
en oscuridades
enloquecedoras.

Muchas veces mis ojos
no dan crédito.

Muchas veces mi mente
se aprovecha de eso.

Hay formas
para el desvelo y
acciones para elucidar
pero los ojos
de mi mente
enloquecida
tienden siempre
a ahogarse
en la densidad
del silencio
que sucede
a sus -quizás-
mentiras.

Salvamuertes

Casi siempre aquí y así
 viendo como cada día
se me muere una locura
simulando dormirse
en la normalidad
de los otros.

Como siempre aquí y así
jalando de la conciencia
una forma desconocida
de pasar inadvertido
en la normalidad
de los otros.

Ayer o casi ayer
pude dibujar un río
que llevaba hacia el mar
una botella ilustrada
y el salvamuertes
de la normalidad
de los otros.

Hoy o casi hoy
me miro como a un extraño
como a un salvaje
que ha quedado lejos
de la civilización
de mis barbaries y la
de los otros.

Nada puede escapar

Hoy Buenos Aires
amaneció pequeña,
estrecha, atiborrada y fría.

Sus veredas como cintas
de cemento se escurren
bajo mi pié quebrado.

Desde una ventana
esa mujer mira
hacia mi,
hacia mi cara en la calle.

Hace frío y la pena
cuenta tantas cuentas
como la alegría
y juntas yacen
detrás de paredes
que me tienen
sin cuidado.

Un niño corto de suelas
se abraza a si mismo
y juega al fútbol
con una botella
que rueda calle abajo
y termina aplastada
por un automóvil
sin patente.

En la próxima esquina
está el café
enfriándose en la mesa
de un bar sin diarios.

No tengo dónde ir
y ella ha decidido
no esperarme.

Mi mente emite
intermitencias
y un silencio
viscoso
se apodera
de aquello
a lo que no puedo
dar importancia.

Miro la hora
en mi reloj pequeño.

Miro esta Buenos Aires pequeña
y me siento grande,
algo mayor,
cansado.

Pienso en que ya esta
siendo hora
de terminar
con este asunto.

Desidia

Sobre el caos
una brisa tenue
se abre paso
entre la leve realidad
que retuerce las tripas
de los que se han olvidado
la cara de todos
y el hambre de todos.

Sobre el ruido
un silencio casto
rompe la rueca
y el engranaje estalla
en las cabezas adustas
de los que maldicen
la espontanea
forma de reproducirse
de los pobres.

Sobre el día que termina
un claroscuro verifica la verdad
como el ciego frente a lo intagible
que cae dormido
e ignorado
por la bronca ajena
por el dolor propio
por el orgullo
y por la desidia.

Zapatillas

Aquella tarde el Colo le afanó unas zapatillas a un pendejo del centro, que huyó descalzo y asustado como monito huérfano. Es que por la noche se presentaba el Cuarteto Jarama en el club social y deportivo y seguro que iría la Fátima. La Fátima era la hija de la Susana, que a su vez era la hija de la partera que atendió al Colo cuando nació en el ranchito del Barrio Obrero, donde vivían sus padres… cuando vivían. La madre se le murió el mismo día en el que él nació. Luego se le murió el padre en un accidente; venía en uno de esos pedos que se agarraba para olvidar a su mujer muerta y una camioneta lo atropelló en una esquina. Así que el Colo se quedó solo cuando tenía un año, más o menos.

Lo importante es que esa noche había baile y seguro que iría la Fátima que además de ser la nieta de la partera, tenía un culo inolvidable. Ya bañado en la estación de servicio, el Colo comenzó a peinarse a las ocho de la noche. Preparó las “choreaditas” y bien temprano salió para el baile. No sabía …