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Mostrando entradas de 2007

Nochebuena con amigos (3)

Lunes 24 y Martes 25 de Diciembre de 2007

El timbre sonó seis veces seguidas a las 19:55, empezamos muy bien. La puntualidad es algo que siempre hay que valorar. Tuve un pequeño inconveniente para encontrar las llaves y la ansiedad que ya tenía se multiplicó en un instante. Las encontré!. Los quince metros de pasillo que me separan de la puerta de calle, los hice sin registrar cómo, en mi cabeza sólo pasaban imágenes vagas de ellos, mis amigos que venían a pasar conmigo la nochebuena. No logré ni un segundo salir de un estado de excitación, que viéndolo con cierta distancia quizás fue exagerado. No importa eso ahora. Lo que importa es que cuando, por fin, abriera la puerta allí estarían, en el siguiente orden: Daniel Álvarez (DA), Enrique Sierra (ES), Pablo Bongiovanni (PB), Daniel Díaz (DD), Guillermo Pujadas (GP) y Adrián Calzone (AC).

Un momento antes de abrir la puerta, eché manos a mi bolsillo para controlar que los sobres, estuvieran en ese mismo orden. Por suerte todo estaba bien…

Nochebuena con amigos (2)

Jueves, 20 de Diciembre de 2007

- Cuatro, siete, siete, uno… dos, siete, siete.. tres…

No sé de donde me agarré ésta costumbre de ir diciendo en voz alta los números de teléfono mientras los marco.

- Hola…

- AMADO, Agrupación Mejores Amigos de Ocasión, buenas tardes!. –la voz del otro lado del teléfono era la de una mujer del estilo de las que atienden en las remiserías.

- Perdón... cómo dijo?. –no había entendido la frase completa.

- AMADO, Agrupación Mejores Amigos de Ocasión, buenas tardesss!. –la extensión de la ese, me hizo notar que era, además, algo impaciente. – Qué necesita?.

- Mire, me dió éste número un señor que cuidacoches en el barrio de Belgrano. Llamo porque me dijo que podrían ayudarme a pasar una buena nochebuena con amigos. En realidad ni siquiera sé dónde estoy llamando.

- Aha!...no se preocupe, esto es sencillo. Tenemos algunas opciones para que Usted disponga de personas que se harán pasar por sus amigos en la ocasión que prefiera. Puede utilizarlos para su cumpleaños, c…

Nochebuena con amigos (1)

Todos los que pueden asegurar que me conocen, saben que para la nochebuena del año pasado, había decidido pasarla con unos amigos imaginarios que me los venía inventando hacía ya un largo tiempo. Realmente eran unos amigos perfectos, aparecían en el momento más oportuno y desaparecían el resto del tiempo. Entonces qué mejor que pasar las fiestas con ellos, ya que era muy oportuno que se prestasen a compartir la nochebuena conmigo. Los preparativos fueron, por cierto, mucho más sencillos que en otros años y sobre todo mucho más económicos. Esa noche llegó como cada año, un 24 de diciembre infernal en estas latitudes, en las que los 32ºC sólo se vieron disminuidos frente a una sensación térmica de 37,3ºC. Todo fue sobre rieles al preparar la cena, la bebida y un mantel con estampas “merry christmas”, los platos ordenados según se me fue dando y mi plato en la cabecera de la mesa de pino, que me compré inmensa en un ataque de sociabilidad que se disipó prontamente.

En verdad todo iba de m…

Por todo aquello

¿Cuál es el lugar que hoy te cobija?
¿Qué estarás haciendo ahora con tu vida?

Mi buena compañera de otros veranos,
bébete uno de éstos besos mios
y cuando puedas perdonarme, hazlo
por todo aquello.

No he conseguido olvidar
ni tu cara con sueños,
ni esos años con sueños.

Extensos y singulares años
en los que serviste en mi boca
la mejor parte de tu vida.

Donde estés
y sea lo que sea que hagas,
espero que haya algo
que te ayude a recibir
éste pedido y éste beso.

Inspirado en TEP

Hoy, 25 de Diciembre

Hoy mi departamento huele a tabaco
como las manos de las habaneras
que sueñan con una revolución más fácil
y cruzan sus destinos delgados
como los dedos de un artrósico
que se empeña en decirme alguna cosa
desde la vidriera del bar de enfrente.

Hoy mi departamento sabe a pollo frito
a tomate cortado, a zanahoria rallada,
a mostaza en sobre, a ajo quemado,
a huevo duro y al deseo de tu perfume
que de seguro te habrás puesto
para encantar una reunión, de agradables,
que no se celebra en mi mesa de pino.

Hoy mi departamento se ha bebido el sol
que por la ventana se colaba con mil rayos
para convertirlo en un caldero de siesta
donde ninguna sopa se cocina a fuego lento,
donde ningún banquete se anuncia presto
para saciar el hambre de ningún comensal.
Y yo sólo, bebo vino blanco que nada aclara.

Hoy mi departamento suena a músicas
y canciones de las simples cosas que
por complejo me he empeñado en aprender,
imitando diecisiete voces del alma,
aun a costa de mis vecinos que descorchan
botellas con el afán de ocultar…

50000 pájaros de un tiro

- Evidentemente el show de anoche fue un espectáculo vampírico. En apariencias ambos artistas se desangraban de gozo, derroche de talento y correspondida alegría frente a unas decenas de miles de personas, pero en realidad sólo se nutrían.

Cuando todo terminó no pude sino observar la cara de todos. Detrás de un halo de júbilo había mucha palidez. Mucha.

Yo mismo me sentía como consumido. No podía expresar la alegría que se suponía.

Llegué a mis soledades para luchar con un sueño que ofrecía una resistencia inaudita.

Hoy me levanté bastante tarde y atento a una impronta, que no hacía su aparición, no pude hallar palabras que dieran crédito o reprodujeran las sensaciones que, anoche mismo, se me habían disparado tan efervescentemente.

Pensé mucho en todos y en el vacío extraño por el cual no podrán expresar su experiencia.

Luego de sortear algunos agobios y cumplir con las rutinas del caso diario, de pronto, vino a mi esta idea.
- Sabina y Serrat me han cenado anoche, a mi y muchos miles de ot…

Octa vió...

Meyta, Traum, Sogno, Rêve & Sueño.


Corto Realizado Por Agustin Moroni y Octavio Mazzoni

Poseído por
tantas puertas,
tantas rejas a la fe,
tantos árboles folllados,
tantos escalones en su descenso,
tantas fotos de desechables,
tantos veredas que se angostan,
tantas quietudes inquietantes,
tantos pasos a ninguna parte, quedó
atado a un cuchillo crucificado que,
por alguna razón,
debió ensuciarse
apenas con su sangre.

Igual que ahora

Ese dolor que duele cada vez asi
como lo no perenne, como la piedra oculta
que no se deforma con ningun viento
que despeina valles igual que ahora.

Ese gesto que ningún actor practica
como lo inexpresable, como lo innecesario
que todos saben y no recuerdan de momento
en momento, mientras tanto, pero igual que ahora.

Ese término ausente en el diccionario
como lo indecible, como lo inaudito
que no incluye porvenir y sólo resuena
en el vacío de una necesidad igual que ahora.

¿Desde dónde me habrás llamado?.
Esperaré el coraje de tocar tu puerta
en todo este espacio que dejan las ausencias
que a veces llegan igual que ahora.

Residuos

Esto me sirve sin dudas
para adivinar la vida en el rostro
de cada uno de los que pasan.

Para practicar una invitación
a escuchar alguna música a esa mujer
que parece estar pensando como yo.

Para hablar en voz alta y gritar
los versos de un poema que prometo
no escribir para no ponerme a su merced.

Para volver a excusarme
sobre las heridas revueltas e infectas
por las que supuro pasado y fracasos.

Para caminar por las calles sucias
y mirar las piernas de las mujeres
que desaparecen en los portales oscuros.

Para comer a deshora y sin mantel
sobre una mesa poblada de libros ilegibles
y botellas vacías de aguas malditas.

Todo el tiempo que abarca la soledad
que abarca todo mi tiempo, me sirve,
sin dudas, para conservar la cordura
y no arrojarme al abismo de la bolsa
donde terminan mis residuos inútiles.

Otro domingo

Después de caminar
por la ciudad consumada
en cien mil edificios invisibles
y atravesar esa avenida despintada
por diez mil autos útiles cada hora
y mil árboles inútiles cada día
he terminado en una plaza desierta
hablando con un borracho que cuenta
como balbuceando rezos, los cien proyectos
con los que malogro su vida por dios
y sobre el atardecer
me pregunto diez veces
porqué no he podido estar
en una casa nuestra
contigo,
un domingo más.

Oferta

Una lluvia muda sobre el mar sediento.
Una promesa de cielo limpio después de una noche.
Una fresca brisa con sol para descansar del agobio.
Una amarra para pensar en lo que nos haya embarcado.
Una fuente de atención a sus inquietas decisiones.
Una hoguera crepitando las horas de frío.
Una voz de alivio para clamar su convicción.
Una sonrisa a solas para reproducir sus olores.
Una tibieza real para despertar de un sueño.

Todo sólo para que me acompañe, usted señora,
a evitar los silencios de mi cama sin besos.

Día y noche

Y llegará el día
y al alba de un viejo remordimiento,
que como un absurdo defecto
te deja a expensas de nadie
y de todos modos,
serás atrapada en un grito callado,
en un silencio sin formas,
en un eco interno de mil remembranzas
como un pensamiento obcecado
que vuelve y vuelve
y termina en el extremo
de una verdad que se inventa
a si misma y como a ti misma
y por ti misma desmenuzada
en esquirlas de sabidurías
que confirman que eres la vida
y eres la nada
y eres el abandono de un vicio
jamás a voluntad del cuerpo
que implora un minuto más
de lo que ocurrirá
de cualquier modo
y por lo que sea.

Y llegará la noche
en que la mirada de la muerte
sea de tus ojos la atención
y atravesarás la calle
entre coches fúnebres,
entre carrozas de carnavales negros,
para sentarte en mi portal
antes de un instante nada más,
después de una vida nada menos
y bajaré las escaleras,
que ascendí en mis búsquedas
de días y sombras y esperanzas
y sabré cuán profundo
es el camino de vuelta,
sin senderos de alusiones,
sin huellas de presunciones,
si…

Presagio

Ocurrirá un día sin prisas,
con una luz celeste y fresca sobre los párpados
con un sol amanecido que despierte o mate
con cristales que encierren la calle humosa.

Despertaremos de una vez y para siempre
en el abrigo suave de un sueño final
y la sombra nos dejara a solas
llenando la habitación de un cielo enorme.

Desde los peldaños nos aclamaran voces
sin rostros indiferentes ni ojos ciegos
y no necesitaremos abandonar las sábanas
del alba de ayer para desandar las tareas.

Habrá abierta una ventana hacia todo
y los recuerdos serán como grumos de imágenes
plasmadas como cicatrices de tiempos
que se quemaron sin poder ser de otra forma.

Estaremos tranquilos para entender con calma
que únicamente la resignación de la tierra
tiene sustancia de paz malograda y sabia
por el empeño de no morir cada noche y nacer cada día.

Nos desalojaran de las manos supinas
las caricias negadas y los amores adeudados
y de los pies tendidos, los pasos inhibidos
y en el horizonte un paseo lapidario sobre el viento.

Por temor

Llegué hasta donde mis pasos no eran impedidos por el desdén.

Sucedió estar parado frente al peligro
de realizar lo que íntimamente reservaba
a las ilusiones auténticas y a las ingenuidades.

Tomé un cuchillo de lengua ancha y corté
las sogas que sostenían el puente.
Olí el caer de los maderos.
Oí el crujido de su llanto.

Frente a sus ojos el abismo.
Frente a mis ojos la calma.

En el tiempo de ausencias y silencios
desplegó sus alas y se acercó
para continuar conversando de aquello.

En mi, una duda:
-Qué debo hacer cuando su voz trabaja en mi cuerpo?.

Cenizas

Cuando logró ser los ojos que no poseo
observó lo que para mi era negado.

Cuando necesité escucharlo sin indigencia
fue silencio absoluto y negación insalvable.

Cuando debimos ser lo que anhelábamos
nos estallaron las manos sin estrecharnos.

Luego ráfagas de silencios incesantes
y más soledad en el abandono de la vida.

Luego el fuego devorando la presencia
y las cenizas al viento del olvido.

Fuera de casa

Sentado
en la cama
de un cuarto de hotel,
que ampara el vestigio
de incontables cuerpos,
estoy solo.

Sólo con un pensamiento
que adivina
que alguien
estuvo antes
en esa misma cama
de ese mismo cuarto
de ese mismo hotel
solo
y pensando
que hubo alguien antes
en un compás similar
también
solo.

Cuarenta y uno

Hoy es mi cumpleaños número cuarenta y uno, según reza una partida de nacimiento del 5 de noviembre de 1966 que no tengo en mi poder.
Les ahorro la lectura de todas las cursilerías, conclusiones, reflexiones y otra serie de banalidades que se me ocurren y que empañan lo que en verdad quisiera escribir. Por lo tanto, me doy por saludado y les agradezco.

Hastío

Recorrí el pueblo de mi adolescencia
con la mirada inyectada de islas
de sauces y de un río que no ríe
y de calles calladas en la prisa de la siesta.

Era enero de verano penetrante
y el sol que partía la tierra
craquelaba el patio de la casa
sin refugio para un perro de lengua interminable.

La espesura del aire se cortaba
con los chillidos de unos niños vecinos
que se empeñaban en eludir tardíamente
el chorro de agua de una manguera serpenteante.

Laura dormía sus magias eróticas
meciéndose en una hamaca a la sombra
de un paraíso que apenas la salvaba
de un infierno de cuarenta y dos grados.

Me detuve frente a ella para mirarla
conté las cuentas de mis celos y mi sudor,
saboreé la saliva de mi sed insaciable
y caminé hasta la estación del Mitre.

Me subí al tren sin boleto de ida o vuelta
para sentarme junto a una gorda sofocada
que sostenía un pañuelo hace tiempo
empapado por gotas anteriores a las de su frente.

Padecí varios veranos con eneros
de soles polvorientos y sombras de nada,
abandoné a muchas Lauras d…

Desgano

Salí apenas atardeciendo el sábado,
para encontrarme con una colorada
de tetas rosas y grandes como
toda la pantalla de mi computadora.
Al menos así se veían en el eme-ese-ene.
Al llegar al bar que chorreaba soledades,
noté que la colorada era enorme como mi desconsideración,
por lo que me permití seguir de largo,
desandando la vereda contaminada de baldosas flojas
e imaginando a la colorada esperándome hasta la impaciencia.

La noche me sabe a desgano
entrando en la cuenta de los libros que no he leído,
pensando en los besos sin destino que se me antojan,
hurgando entre las caras que escupe la noche,
dimensionando el fracaso expreso en mis bolsillos,
ensayando seducciones tímidas en el vacío,
alterando la última razón de mis tardanzas,
repasando la lista de los que no visitaría,
ignorando la lista de los que no me recibirían,
conformándome con nada menos.

Como siempre, terminé perdido
en las periferias de una noche
que se anunció como rebaño de diversiones
pero que me devolvió alejado del motivo y
por calle…

Un grito. (Frustración)

"El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror, antes de caer vencido." -Baudelaire


Ha pasado con prisa por su pasado de olvido
y cruzado los bosques de los símbolos
sin adquirir estigma mayor a la muerte
que por fin dará fin a su tragedia.

Ha ocupado el cuerpo equivocado y
tratado de persuadir una mente inútil
sin siquiera pensar en los acertijos
confusos con los que trató de evadir miradas.

Ha conservado por días una carta sin abrir
deseando que lo que allí se haya dicho
deje de enfermar a su mortal corazón
atravesado por idénticas pesadillas.

Ha lamentado las conquistas acaloradas
de toda aquella mujer que se atrevió
a saltar el cerco para acercar la velada
en la que cuidadosamente cultivó sus furias.

Ha alimentado con pobrezas sus miserias
hechas de desaciertos en el progreso
del tiempo que se alimenta de la vida
que no se subleva a una razón a corto plazo.

Ha entendido que también es perfume
el que desprenden las flores recónditas
aunque no supo donde encontrarlas…

Una pausa

Nuestra memoria de emociones ya cuenta con un vasto antecedente. Recreo, en este espacio temporal de ausencia, algunos de los sonidos de tu sonrisa celebrando una ocurrencia significativa que no tenía evidencias en mis historias. El olor de tu perfume decora mis sentidos en las largas charlas, y como una especie de bálsamo encantador hace que te hable con atrevimiento y desvergüenza, y responda, sin sustento mayor que la improvisación, algunas de tus formas de escudriñarme con el afán de elucidar esa forma de ser de la que me desprenderé en la misma confesión.

     Puedo notar aquí y allí la niebla de algunas dudas y misterios que espesaron el ambiente con discusiones de sostén. Algunas partidas involuntarias e invitaciones a dejar, sin más, tus espacios despojándome de quién sabe qué liturgia de placer. También algunas ganas de irme aún cuando quedarme era lo oportuno. De crear un anecdotario no debería faltar un minuto de silencio y un duelo sentido para las lágrimas nuestras qu…

Raza 1210

"No hay maravillas en las mentes.
Ambicionar solo lo que maraville
termina por ahogarnos en los indicios
de lo que dejamos correr bajo los puentes
desde donde nadie puede brebar
y el agua que se va no se detiene
en las cuentas de ninguna saciedad."

Y los hijos de mi tierra fueron salvándose
ya que no hubo qué, ni quién,
los termine de aniquilar
y sus historias se mezclaron
con un destino inesperado
pues aquello que sus fe les deparaban
terminó por anunciarse
y por ejecutarse fatalmente.

Y la matriz de la tierra
siguió pariéndolos,
como gestos de negación,
como si cada tragedia no bastara
para atestiguar la propia barbarie
de los viejos hombres que cruzaron el mar,
imponiendo sus desesperanzas sangrientas
y sus insatisfacciones interminables.

Y cada hombre muerto de mi pueblo
se antojó semilla y vientre
y desde tal evidencia gesta y late
marcando los pulsos que daran ritmo
a la marcha de nuevos llantos
sobre la misma tierra que finalmente,
en algún tiempo sin mediaciones,
dará sus propios frutos,
para redi…

Memoria y vida

Sin hacer mucho caso de la convocatoria, la gente se movía como si una única voluntad las dirigiera, así como las marionetas de un enorme circo infantil, iban o venían pero siguiendo un compás, un guión, un único sentido. Feriantes, mercachifles, choripaneros, oportunistas, músicos, militantes políticos y otros como yo, solitarios involuntarios, se movían por el predio. La autonomía les bastaba para hablar de cosas que nadie podía escuchar, ni yo que los observaba podía elucidar algo más que el murmullo general.

     El lugar es agradable pero retiene el grito conmovido de algunos dolores indescifrables que ya no se escuchan, pero que vibran desde el suelo que a todos nos sostenía. Desde los pies de cada uno trepaba hasta la razón el eco de aquellos dolores que generaban las manos de la injusticia y la desidia enorme, de los verdugos autores de la década infame que no supimos evitar y que debemos disponernos a llevar como una marca imborrable, un estigma.

     Lo que nos sucedió…

Ocho números

La mayor parte de la mañana
desfiló ante sus ojos negros,
que miraban la lluvia arañar el cristal
y un viento maléfico
que soplaba fuerte y rápido
despeinando el paisaje del día.

Su máquina de escribir
estaba muda como una tumba
y el papel estaba blanco
como piel de vida ausente,
como el lomo de una nube
por el que se deja adivinar el sol.

Tenía que escribir unas palabras
que no encontraba oportunas
y que no dejaban ser escritas
con tinta de lluvia, ni detrás
de una ventana empañada de angustia,
ni encima de una verdad sin ánimo.

Se acercó al teléfono, marcó ocho números
se arrinconó sobre si misma
y dictó, a mi oído, su despedida,
luego cavó un pozo en la tierra blanda
donde enterró la hoja en blanco
y las palabras mudas de aquel octubre gris.


Naufragio

Navego mis dolores descarnados
capitaneando una nave de miserias,
que monta olas de rumores y cae
en un pozo y contra una espina de piedra tiesa.

No tengo el coraje de dormir
donde los vientos nocturnos silban
y donde mi alma se arrastra para ocupar
desganada, este corazón calamitoso e infame.

En los cajones del infortunio
yace el vestido perdido de la mujer
que debí haber amado, y que no recuerdo,
y un desierto arenoso y un destierro de ánimo.

La luz pudre el fruto de mis pasiones
embotellando las gotas del paisaje
de un cuerpo alejado de mi, muy alejado
por el que rompí un mapa de deseos y un silencio.

Se me antojó una mujer que gritó
lo que quería solo para y por si misma,
desde donde estaba esculpida en fracasos
y donde no supe llegar por ignorante y tonto.

No puedo culparla por completo,
culparla sería otra de mis mentiras,
otra dosis del veneno de las serpientes
que trazan huellas caprichosas en mi negación.

Debo irme a la lluvia, a la intemperie
que deshilará una desgracia de siempre
para tejer arte…

Crónica de ayer

Cansado ya del silencio superficial,
soportando pensamientos que
lo atormentaron y que nunca le pertenecieron,
se obligó a ejecutar tres disparos en su sien.

Ha intentado alcanzar una comprensión
a través del pensamiento ejercitado
sin lograr de ninguna forma
evitar sentirse parte de la miseria colectiva.

Lo que evitó ser se le escurrió por el ánimo
y las iras cotidianas accionaron sus dosis
de incontinencia y dudas y ataques
intencionados contra otras humanidades.

A su alrededor y aún más lejos
nada pudo ser modificado
y en las calles de cualquier vecindad
una sexagenaria asesinó a su sicario.
Al mismo tiempo, en un cyberkiosco,
un niño de diez años que jugaba al Counter Stryke como un poseso,
tuvo la última visión de su propia sangre
estallando en la pantalla del ordenador,
ya que doscientos pesos no fueron suficientes
para que siga con vida.

No tuvo oportunidad de salvación
y como todos, fue afectado por las bestias
más íntimas, esas que de un momento a otro dominan
por no creer en lo que debe inhibir el i…

Desolado

Como un libro mojado
en los maderos de un banco mojado
de una plaza desarbolada y recién llovida.

Como la voz agitada
en el auricular de un teléfono público
al que alguien llamó demandando atención.

Como la pluma de paloma
en la alcantarilla de una boca de tormenta
a la que un taxi empuja con su turba hacia el vacío.

Como el carromato de circo
que quedó abandonado en un baldío
después de siete funciones en la ilusión de un niño.

Como el borracho dormido
en el portal de una tienda de frazadas
borracho por la condición de dormirse en alguna parte.

Como el sol de la mañana
que alumbra generoso la piel de una anciana
que ya no despertó abandonándose en su cama.

Si así me sintiera esta noche
estaría desolado como el cielo ennegrecido
al que la luna ausente abandonó sin despedidas.


Mejor ni hablar

- Te vi así y allí y no me atreví a acercarme, sólo porque no llevaba suficiente dinero y porque quizás no querrías hablar conmigo de lo que te sucedía. Ahora aquí te escribo para ver si logro borrarme esta visión que no me permite dormir. Borrar también este deseo irrefrenable por tus piernas.

Como cada día

Mezclado en un mazo de cartas de palos por la espalda, me arrincono en un cono donde no pululan moscas como ángeles. Los restos de sal en un paquete de snack y la cerveza caliente, me recuerdan que me he quedado dormido en las vísperas de una borrachera precoz. Probablemente he muerto ya hace algún tiempo y estoy, ahora mismo, resucitándome con la tozudez que adquirí a fuerza de tragarme los caprichos que no hallaban a quién incomodar.

Tras la pared los albañiles insisten en romper a martillazos, la obra de días anteriores, en un afán de no superación, que me destroza los nervios y me empuja en puteadas por la ventana de mi cabecera, suicidándome contra el asfalto de la cara ignorante de quién no comprende mi intención, ni mi reclamo, ni la ira ferina que me controla por haberme despertado con casi una hora menos de descanso y una hora mas de sol, que me perfora los ojos.

La sensación que me produce encontrarme con mi perro, que jamás atina a devorarme la mano con que lo aparto camino …

Intento

Parado, casi abandonado
en malezas de cuerpo baldío.

Desganado, casi persuadido
por veraces arreglos de mentiras.

Sumido, casi equívoco
en memoria silenciosa de sustento.

Cegado, casi convencido
por ojos de nadie menos maldicho.

Abnegado, casi obtuso
en aguda hipocresía visionaria y rala.

Desollado, casi descarnado
por negados y procaces enemigos.

Descontrolado, casi negado
al concierto nocturno de luna conjurada.

Despejado, casi lúcido
en lucido amor decomisado.

Mareado, casi vuelto
en ruedas de bocas atareadas.

Abocado, casi preciso
por un afan desmedido de ansiedad.

Asustado, casi manipulado
en redes de negaciones previstas.

Excedido, casi derramado
en perdido rincón de ninguna infancia.

Atrapado, casi encendido
como leña de alma mojada y lánguida.

Espejado, casi visto
en las mediaciones del estoicismo impuesto.

Encontrado, casi reconocido
en desiertos de diminutas sombras.

Depredado, casi extinto
en corazón de manos ambulantes.

Caído, casi desarticulado
en mensajes mudos como mareas.

Engullido, casi satisfecho
por …

Me pregunto

Qué es sino un árbol crecido despojado de su verde follaje
o el mensaje en la botella que se estrella en las rocas
o el resumen escueto de una historia de años tras años
o la sensatez de merecer unas caricias más dedicadas
o la madera rota del naufragio, en mares inhóspitos
o la estela del viento que concluye con la ilusión
o el insomnio mío que nadie puebla con existires
o la espesura del placer en las propias manos
o la mirada sobre ningún hombro inmediato
o el querido amor de quien uno quisiera
o la estirpe silenciosa de una condena
o el llanto que logra mojar la camisa
o la plaza de los anónimos cercanos
o la tranquila inquietud actual
o la luz seca del desgano
o la mar de penas.

Qué es la soledad,
sino la misma soledad
que presagian mis preguntas.


Migajas

Perdido en pensamientos posteriores
no logro encontrarme en aquello que anhelaba
se me cuela por entre los dedos como arena fina,
como soplos de vientos que no secan mis lagrimas,
como olvidos de recuerdos que no llegaron a ser,
una motivación que no llega a concretarse.

Es vago por esto, este despojo que siento
solo por un supuesto gozo, una conquista,
o el abordaje de una idea que haga de esto
una obra contemplable, una referencia
para elucidar el motivo que me empuja
a este precipicio que se engulle mis impulsos.

Mi búsqueda es frenética, los ruidos
que distorsionan mi conciencia me mutilan,
y en el intento de vivir esto como una concepción,
me pierdo en pieles de calor relativo,
de olores presuntos, de estímulos tardíos
y en la cuenta de las migajas que tengo
para dar otra promesa como cumplida.



"Gracias Ale I., por darme tu mano para sortear estos obstáculos. Gustavo."

Instantánea

Por entre la ventana y la cortina
veo un taxista arrodillado que espía
la mueca roja del demonio.

Apenas lejos se escucha el sopor
de la vías del ferrocarril sonámbulo
agobiado por llevar solo perennes vidas.

Las venas de la urbe insana
es un colectivo de puñales,
que agita el ánimo de trashumantes.

La fachada de la casa de enfrente
me evoca sentires sombríos y anarquistas
por un grafiti atemporal.

Mi pueblo de rebeldías truncadas
duerme su siesta sin sueños ni utopías
para cambiar de una vez y para mejor.

Tiendo en silencio un puente de desánimo,
desde mi refugio de sorpresas,
con ésta tos tabaquica que clamo
y que moviliza mi cuerpo con estertores,
imponiéndome una difonía que accalla
mi propia rebelión, por causa o culpa
de un amor que no halla un lugar en mis olvidos.


Matriz

Porque siendo lo único gravitante que inició mi grave vida
me desangro por tu dolor minuto tras minuto.
Yo que sufrí y sufrí desmedro con el niño
que mataste contra mi espalda desmedidamente,
cuando extirpaste el brote de su tallo ya sin guía.

Yo que sufrí el frío y la intemperie
y el desconcierto temprano
y la necesidad descubierta
y la impotencia de la ignorancia
y el resquemor de penas no demandadas
y la humillación de la larga espera.

Yo que incrementé el despojo
de todo cuanto amara y la pérdida
y así y sin más
que enfermo o insomne
como tantas veces
o sólo susceptible a todas
las miserias de la especie,
me rodeé de soledades confiables.

Yo que a veces he bregado
con fantasmas intimos
que poblaron mi lenta
retracción insobornable;
cómo no desangrarme piel adentro al percibir
tu demacrada imagen por años de errores
mujer madre de mis años tristes
cuyos labios, resecos por la culpa,
a veces le extendieron a mis lágrimas, una sonrisa.
Las mismas lágrimas que riegan la impotencia
de venganzas premeditadas e indu…

Almanaques

Razón de mente y alma y músculos gimiendo
y un mártir madero esperándome
mientras la margarita permite deshojarse
sin piedad y asumiendo de cara al eterno recuerdo
días de carencias que proveían carencias
algunas veces sin almuerzo, otras sin cena
jamas ambas y siempre con la duda de turno
para honor y horror de aquella visión
sobre un deseo visceral que engorde mi osamenta
tres litros diarios de aguas bravas
de manantiales insípidos,
pescado, camote y matecocido.

Es el fin último
que detiene mis pasos
que siembra y cosecha mi antológica verdad inutil,
mi extensa piel empalidecida y fría
como precarias primulas lívidas de nostalgias,
como la tonta luna de divino marco negro
que noche a noche deja con gusto
sus cómodas posaderas marinas para los marinos
y sus escarpadas alcobas para los serranos;
pero para siempre o nunca segun sea
el caso de mi ocaso, mi noche oscura.

Trémulo a los cien años que hielan los huesos
inutiles e inservibles como la sangre
del cuerpo inherte por causa u omisión de la vida
fugándose…

Recuerdos y olvidos

Todo se puede descubrir justo ahí,
donde se oculta la molienda del descuido.

En ese rincón o en el sitio tieso de la costumbre, subsiste
aquello capaz de vivir sin morir para siempre si uno las observa.

Entre el cuerpo y el alma se escapa la realidad,
pero entre el alma del cuerpo y el alma
hay un agua densa de calmas,
un agua que atrapa y arropa un espejo sin corazón.
Un agua y un espejo que no hacen sino buscarse,
por intuición, sin conocerse, sin estimarse.

Quedan siempre las imágenes, instantáneas
sólo de apariencias que no pueden ser movimientos,
sino el tono espectral apto para un entierro,
de quien cerró los ojos a la luz y como una hoja
que va y viene, de un rincón a otro, de otro hacia un rincón propio,
tal como la vimos una vez y de nuevo, en vano, la evocamos.
Como se evocan sueños que insisten en vivir
al margen de los sueños, como la piedra inherte
que involuntaria puede existir sin deseos.

Ya se sabe que el contexto no desaparece
por voltearse visionario en el pasado
guardian de la memoria …

El pan de arena

Si tan sólo fuera así,
nada más que un sueño de amor sobre las cabezas,
si tan sólo así.

Así como rasgos creados para ciertos rostros.
Así como la voz muda,
que arremete hundiendo su puñal
en nuestros cuerpos como esponjas de violencia.

Si tan sólo fuera igual a tus piernas
de intimidad de vaivenes que atrapan mi celo.
A tus muslos amados,
nunca jamás en duelo de banquetes.
A tus ojos que no miran
antes de ser sacrificados por mi deseo.

Pero augurado amor,
no están solos los gozosos dormidos.
Solo está el hastío
con su cruel lengua de chacal insensible.

Y está el pan de harina de piedras
que se hace con penas de labios
y con manos contraídas,
y con dolor de ausencia.

Y está la piel preparada para anidar
a salvajes, inocentes de sus culpas.

Y la profunda mente del delirio
arrojado ante la puerta del amor, profundamente.

Y es elucidado el fuego interno
de las esculturas moldeadas con tu cuerpo.

Y la pertenencia de las horas que se encausan
en huídas frágiles como ríos de aguas sin destino.

Y la bella excusa que c…

Sabremos

A sales, a plumas,
a bocanadas de nieblas en el frío,
a calores propios y energías del otro,
a saberes incógnitos e ignorancias desconocidas.

Al fin, el principio,
a errores inestimables en el vaticinio
de la infamia familiar, de la arrogancia
sobre lo acordado y lo olvidado nuevamente.

Al asimétrico sabor de la desidia,
al acalorado discurso del culpable,
al argumento infame, a la envidia
de quién deseé para si nuestros aciertos.

Sabremos así, encontrarnos en nuestras soledades.

Sabremos así, amarnos a mares.

Inmoral

Inaceptable es aquello que otros se permiten,
como adivinando los deseos de nuestra vergüenza,
con ese desparpajo anormal e inmoral del mural
de los rojos de la propia roja sangre,
que vemos desde la ventana de la propia inconsistencia.



Atreverse

Entonces me contarás tus nanas
una y otra vez como una niña,
que muestra su primer herida,
a quien la mire más de un instante atento.

Vibrarás con ganas contenidas,
desearas el deseo de desearme
como la ultima vez, la próxima.
Como la próxima vez, la última que me lo pidas.

Entenderás de tanto repetir,
el sinsentido sentido de sentir aun,
el duelo final y el olvido,
para antojarte de mis manos prestas.

El instante que renueva su permanencia,
nos dará permisos para permitirnos
y aceptar el uno en el otro regenerado,
lo que gusta ahora, lo que seremos.

Nos convertiremos, mutaremos,
y aquellos que no enloquecen nunca
no atinarán sino a juicios predecibles
por los juicios que con desdén omitiremos.

La cena fría

Muerto de miedo como un niño que recibirá su castigo solo por no saber aun, cuánto y cómo se paga por un error, me niego a llegar a tu lado porque se que aún huelo a su piel y sus favores.

En verdad no quise hacerlo, pero su voz…, pero su sonrisa y sus ojos de fuego me tentaron a su calor de entrañas. A saber, sigo siempre errando por mis ignorancias y este deseo terrible de conocer o descubrir algo que me modifique para siempre, esta curiosidad que me embriaga y me domina, hace que vea en cada cosa que desconozco la posibilidad de entender una sola razón. Esa misma razón que me servirá para todo y para cada cosa.

Juro que entré a ese bar sólo para demorarme un poco, unos minutos, los que un café o los que una copa y allí estaba su sonrisa, como esperándome, desde quién sabe cuándo. Ajeno a mi timidez me acerqué a ella y sin más le pedí el favor de besarla. Accedió. Ni mi comportamiento, ni su resultado tenían registros en mi memoria. Le hablé, luego del beso, largo rato, y ella reía …

El señor sea contigo

Prometo que no he estado un martes por la noche en una iglesia. Casi nunca he estado en una, solo alguna que otra vez entré con el objeto de encontrar allí a aquella que por entonces me permitía tocar su manos, besar adolescentemente su boca y poco más, aunque mucho menos, de lo que mi deseo especulaba.

Nunca entendí el objeto de la fé, ni siquiera ahora que persuadido por varios inexplicables me despeño por los acantilados de la razón. Casi con capricho insustentable, casi con desdén, casi sin argumentos, más que le certeza de alguna ingenuidad que preserva una inmadurez necesaria hasta la misma muerte.


Solo soy un hombre desparejo que busca un grito, una manifestación indiscutible del dolor con el que atravieso mis suertes, mis muertes y mis fuertes. Desoigo, descreo, desestimo a la vez que, me involucro cada vez mas cada vez, con lo que desde el fluir interno de mis broncas más procaces procuro, y prometo, y proyecto sobre serias desilusiones y vagas interpretaciones de un pensamien…