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Igual que siempre



Ayer volví a ese pueblo,
el que por omisión no habita en mis recuerdos.
No sabría decir cómo llegué,
ni qué camino llevó mis pasos,
pero volví.

En realidad creo que volví,
porque todo me resultó familiar,
como si en alguna ocasión
se hubiese instalado allí y en mí,
el no entenderlo.
Cruce sus calles sin esquinas,
doble sus pasos.
Observé en sus vidrieras
lo que no he podido
y la imagen de quién ya no podré ser.
La gente de antes en el lugar de ahora
que es idéntico al lugar de siempre,
al de antes,
al del recuerdo,
al del rechazo y el desconcierto.

Tardé por cierto,
el mismo tiempo en recorrer
las mismas calles.
Negué por cierto,
el saludo a desconocidos
reconocidos.
Recreé el nombre
de su olvidada geografía.
Trepe sus muros inconclusos
y pise el césped prohibido de la plaza
de mi primer beso.
Llegué hasta la ribera a mirar
el río que no es el mismo,
nunca el mismo,
siempre marrón,
siempre de paso,
siempre mutando,
siempre tan mío.

De existir algo que uno puede valorar,
de haber vivido y sufrido en un pueblo,
es que se puede olvidarlo sin más.
Total que más da?,
si un día vuelves,
allí estarán intactas todas las cosas.
La plaza, la iglesia,
la escuela, la barranca
y la calle del centro.
El bar de siempre
y todos los recuerdos.
El de un primer amor
y un primer dolor
siempre nuevo.

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Horrible esperanza

Sumido a la frescura más vital
del ardor violento del olvido sobre la piel
imaginando la existencia frágil
dentro de este envase sin caducidad
pero que vencerá de todas formas
me propongo
lavarlo con fuego
ensuciarlo con nubes
perfumarlo con aire infecto
tocarlo con magia develada
entregarlo a la desidia de ella
enfermarlo con vicios al vicio
liberarlo con mandarinas de estación
y romperlo en una sola fracción.

Me llevaré a caminar en la maleza
guiado por la pura intuición de sus fronteras
para que la naturaleza me explote en las tripas
poniendo la confianza en el silencio
de la sordera y la muda palabra
que se ignorará a inconciencia
para respirar hondo, orondo y sencillo
al ritmo airoso de una canción desconocida
cantada con pulso ausente para
la danza de la furia enloquecida
que enloquecerá furiosa y letal
de cara al concierto íntimo de mis propias iras.

El viento soplará bravo como sopla el viento
en estas épocas de poco coraje
que entre maldades provocadas
viene a impregnar…

Por si acaso

Si usted señora
acaso se atreva a escucharme,
le diría que nada yace bajo el lacio
porque no quedaron cabales ni posibles
y la salubre ansiedad no es madre de miedos.

Si usted misma
fuese a tropiezos sobrevolando,
la acogería donde no anida el rumor
porque he dejado de ser por este cuerpo
y amuro en mis pesadillas una rasca de sueño.

Si usted también
apostara y acertara en rodearme,
le entendería lo que bien sepa decir
porque a fuerza he escuchado maldades
y he aprendido a separar palabras sin sentido.

Si usted ahora
lanzara fuerte y artero el rayo,
le consentiría amaneceres ajustados
porque no hay noche de ayer mejor a hoy
y sepa señora que ya no persigo vanas victorias.

Si usted mañana
oyera de mi boca un imposible,
no inquiete sus romanceras alarmas
porque no suplicaré sus beneficios severos
y estaré en la puerta de sus labios por si acaso.


Renacernos

Un día cualquiera
para el inicio de todos los días
nos caeremos al barro.
Nos volveremos al barro
y del barro nos reinventaremos
para fundar oportunidades
para saltar al otro lado
y desde el otro lado
renacernos.

Un tiempo cualquiera
para el reincio de los tiempos
nos reinauguraremos en adelabios.
Nos volveremos ademanes en la piel
y del puro cuero crearemos un nosotros
para antojarnos errantes
para dejarnos llevar sin traernos
y desde todas las distancias
renacernos.

No sabremos de saber, todo.
No podremos de poder, todo.
No renunciaremos de abandonar, todo.

Desde nuestros confines
oportunamente nos reiniciaremos
para humanizarnos cuando lo salvaje
ya no nos salve.

Para humanizarnos desde el barro
de agua y humus.

Para caernos, ¿por qué no?
Y renacernos.