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Ocho números


La mayor parte de la mañana
desfiló ante sus ojos negros,
que miraban la lluvia arañar el cristal
y un viento maléfico
que soplaba fuerte y rápido
despeinando el paisaje del día.

Su máquina de escribir
estaba muda como una tumba
y el papel estaba blanco
como piel de vida ausente,
como el lomo de una nube
por el que se deja adivinar el sol.

Tenía que escribir unas palabras
que no encontraba oportunas
y que no dejaban ser escritas
con tinta de lluvia, ni detrás
de una ventana empañada de angustia,
ni encima de una verdad sin ánimo.

Se acercó al teléfono, marcó ocho números
se arrinconó sobre si misma
y dictó, a mi oído, su despedida,
luego cavó un pozo en la tierra blanda
donde enterró la hoja en blanco
y las palabras mudas de aquel octubre gris.


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p/Leer:
La eñe tambien es gente p/María Elena Walsh:
http://www.me.gov.ar/efeme/mewalsh/laenie.html

La letra eñe no se entrega - Clarín (14/03/1998)
http://www.clarin.com/diario/1998/03/14/e-07702d.htm

Ñ - Wikipedia
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Omnisilente

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la penitencia del aband…

Nada puede escapar

Hoy Buenos Aires
amaneció pequeña,
estrecha, atiborrada y fría.

Sus veredas como cintas
de cemento se escurren
bajo mi pié quebrado.

Desde una ventana
esa mujer mira
hacia mi,
hacia mi cara en la calle.

Hace frío y la pena
cuenta tantas cuentas
como la alegría
y juntas yacen
detrás de paredes
que me tienen
sin cuidado.

Un niño corto de suelas
se abraza a si mismo
y juega al fútbol
con una botella
que rueda calle abajo
y termina aplastada
por un automóvil
sin patente.

En la próxima esquina
está el café
enfriándose en la mesa
de un bar sin diarios.

No tengo dónde ir
y ella ha decidido
no esperarme.

Mi mente emite
intermitencias
y un silencio
viscoso
se apodera
de aquello
a lo que no puedo
dar importancia.

Miro la hora
en mi reloj pequeño.

Miro esta Buenos Aires pequeña
y me siento grande,
algo mayor,
cansado.

Pienso en que ya esta
siendo hora
de terminar
con este asunto.