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Recuerdos y olvidos


Todo se puede descubrir justo ahí,
donde se oculta la molienda del descuido.

En ese rincón o en el sitio tieso de la costumbre, subsiste
aquello capaz de vivir sin morir para siempre si uno las observa.

Entre el cuerpo y el alma se escapa la realidad,
pero entre el alma del cuerpo y el alma
hay un agua densa de calmas,
un agua que atrapa y arropa un espejo sin corazón.
Un agua y un espejo que no hacen sino buscarse,
por intuición, sin conocerse, sin estimarse.

Quedan siempre las imágenes, instantáneas
sólo de apariencias que no pueden ser movimientos,
sino el tono espectral apto para un entierro,
de quien cerró los ojos a la luz y como una hoja
que va y viene, de un rincón a otro, de otro hacia un rincón propio,
tal como la vimos una vez y de nuevo, en vano, la evocamos.
Como se evocan sueños que insisten en vivir
al margen de los sueños, como la piedra inherte
que involuntaria puede existir sin deseos.

Ya se sabe que el contexto no desaparece
por voltearse visionario en el pasado
guardian de la memoria que vuelve como el olvido
a mi mente en llamas y por un instante vuelve
para guiarme a los besos preferidos.

Yo mismo vuelvo para recuperarme
en los aromas y atavíos del amor perdido,
en el regocijo sin sueño,
insomne como la red cerrada de los sentidos,
de un Dios no intervencionista y cada vez más lejano,
que desde no se dónde, que desde no se cómo,
nos abandona y aprendemos que nada tenemos,
que nada hemos perdido y todo no es,
sino sueños ferinos de hojas o plumas fundidas
que desaparecen con el viento.


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Horrible esperanza

Sumido a la frescura más vital
del ardor violento del olvido sobre la piel
imaginando la existencia frágil
dentro de este envase sin caducidad
pero que vencerá de todas formas
me propongo
lavarlo con fuego
ensuciarlo con nubes
perfumarlo con aire infecto
tocarlo con magia develada
entregarlo a la desidia de ella
enfermarlo con vicios al vicio
liberarlo con mandarinas de estación
y romperlo en una sola fracción.

Me llevaré a caminar en la maleza
guiado por la pura intuición de sus fronteras
para que la naturaleza me explote en las tripas
poniendo la confianza en el silencio
de la sordera y la muda palabra
que se ignorará a inconciencia
para respirar hondo, orondo y sencillo
al ritmo airoso de una canción desconocida
cantada con pulso ausente para
la danza de la furia enloquecida
que enloquecerá furiosa y letal
de cara al concierto íntimo de mis propias iras.

El viento soplará bravo como sopla el viento
en estas épocas de poco coraje
que entre maldades provocadas
viene a impregnar…

Renacernos

Un día cualquiera
para el inicio de todos los días
nos caeremos al barro.
Nos volveremos al barro
y del barro nos reinventaremos
para fundar oportunidades
para saltar al otro lado
y desde el otro lado
renacernos.

Un tiempo cualquiera
para el reincio de los tiempos
nos reinauguraremos en adelabios.
Nos volveremos ademanes en la piel
y del puro cuero crearemos un nosotros
para antojarnos errantes
para dejarnos llevar sin traernos
y desde todas las distancias
renacernos.

No sabremos de saber, todo.
No podremos de poder, todo.
No renunciaremos de abandonar, todo.

Desde nuestros confines
oportunamente nos reiniciaremos
para humanizarnos cuando lo salvaje
ya no nos salve.

Para humanizarnos desde el barro
de agua y humus.

Para caernos, ¿por qué no?
Y renacernos.

Omnisilente

Se que la canción está sonando
porque mi piel vibra
pero no la escucho.

El cielo de este día parece para siempre
y adivino verte aparecer
detrás de una sombra.

Siento la canción que no escucho
porque la canción no ha terminado y suena.

Quizás nunca vuelva a ser de noche,
ni silencio de luz omnipresente
y de canción interminable.

La materia que es viva
y enloquecida al oír tu nombre
me arrebata los ojos.

No lograré verte
ni escucharé la canción
hasta que deje de vibrar
el cuerpo de mi cuerpo.

Cierro definitivamente los sentidos
para concentrarme hasta explotar
desde la cicatriz del centro.

Me muevo hacia todos los espacios de la casa
y la canción suena y lo sé por mis manos que te buscan.

La música sigue sonando
y yo sin escucharla
me recojo en pedazos
y me voy juntando entre mis manos.

No veo a quién canta la canción
que no escucho
pero se que sigue sonando
entre las cortinas temporales.

Nadie aparece de una sombra.

Nadie aparece por una pregunta.

Nadie abandona
la penitencia del aband…