Ir al contenido principal

El imbécil

 
Su dolor se enreda 
en la furia enrojecida y 
en el sabor acongojado 
de la aspiración áspera, 
mientras mueren los pájaros 
de las libertades sin alas 
detrás de su espalda 
siempre cansada. 
 
Sus ojos arden 
en la hoguera ciega y 
en el atardecer amargo 
de las jornadas obradas, 
mientras se hunden los barcos 
perdidos en la estela lisa 
llevado por una u otra 
torpe arrogancia. 
 
Sus manos duelen 
en los bolsillos vacíos y 
en el peso muerto del absurdo 
de la sal en la sangre, 
mientras las puertas cerradas 
oscurecen la ciudad en sus vértices 
ajena a todos y a todo 
el duelo de lo emocional. 
 
Su boca se cierra 
en los rezos fatalistas y 
en el recinto de una palabra 
que eterna se pierde, 
mientras las voces inaudibles silencian 
alterando el orden de una melodía 
que se suspende en la cuerda 
de una caja sordomuda. 
 
Y siempre, 
ese dolor que se enreda 
en la furia de sus ojos y 
en sus manos vacías 
mientras su boca muerde 
esos labios suyos 
que sangran leves, 
su ignorancia 
muda la piel 
de su arrogancia 
y sus mentiras. 
 
Y siempre, 
siempre imbécil 
muere y muere 
vidas apenas 
inventadas. 
 
 

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Horrible esperanza

Sumido a la frescura más vital
del ardor violento del olvido sobre la piel
imaginando la existencia frágil
dentro de este envase sin caducidad
pero que vencerá de todas formas
me propongo
lavarlo con fuego
ensuciarlo con nubes
perfumarlo con aire infecto
tocarlo con magia develada
entregarlo a la desidia de ella
enfermarlo con vicios al vicio
liberarlo con mandarinas de estación
y romperlo en una sola fracción.

Me llevaré a caminar en la maleza
guiado por la pura intuición de sus fronteras
para que la naturaleza me explote en las tripas
poniendo la confianza en el silencio
de la sordera y la muda palabra
que se ignorará a inconciencia
para respirar hondo, orondo y sencillo
al ritmo airoso de una canción desconocida
cantada con pulso ausente para
la danza de la furia enloquecida
que enloquecerá furiosa y letal
de cara al concierto íntimo de mis propias iras.

El viento soplará bravo como sopla el viento
en estas épocas de poco coraje
que entre maldades provocadas
viene a impregnar…

Por si acaso

Si usted señora
acaso se atreva a escucharme,
le diría que nada yace bajo el lacio
porque no quedaron cabales ni posibles
y la salubre ansiedad no es madre de miedos.

Si usted misma
fuese a tropiezos sobrevolando,
la acogería donde no anida el rumor
porque he dejado de ser por este cuerpo
y amuro en mis pesadillas una rasca de sueño.

Si usted también
apostara y acertara en rodearme,
le entendería lo que bien sepa decir
porque a fuerza he escuchado maldades
y he aprendido a separar palabras sin sentido.

Si usted ahora
lanzara fuerte y artero el rayo,
le consentiría amaneceres ajustados
porque no hay noche de ayer mejor a hoy
y sepa señora que ya no persigo vanas victorias.

Si usted mañana
oyera de mi boca un imposible,
no inquiete sus romanceras alarmas
porque no suplicaré sus beneficios severos
y estaré en la puerta de sus labios por si acaso.


Renacernos

Un día cualquiera
para el inicio de todos los días
nos caeremos al barro.
Nos volveremos al barro
y del barro nos reinventaremos
para fundar oportunidades
para saltar al otro lado
y desde el otro lado
renacernos.

Un tiempo cualquiera
para el reincio de los tiempos
nos reinauguraremos en adelabios.
Nos volveremos ademanes en la piel
y del puro cuero crearemos un nosotros
para antojarnos errantes
para dejarnos llevar sin traernos
y desde todas las distancias
renacernos.

No sabremos de saber, todo.
No podremos de poder, todo.
No renunciaremos de abandonar, todo.

Desde nuestros confines
oportunamente nos reiniciaremos
para humanizarnos cuando lo salvaje
ya no nos salve.

Para humanizarnos desde el barro
de agua y humus.

Para caernos, ¿por qué no?
Y renacernos.