Aquella tarde el Colo le afanó unas zapatillas a un pendejo del centro, que huyó descalzo y asustado como monito huérfano. Es que por la noche se presentaba el Cuarteto Jarama en el club social y deportivo y seguro que iría la Fátima. La Fátima era la hija de la Susana, que a su vez era la hija de la partera que atendió al Colo cuando nació en el ranchito del Barrio Obrero, donde vivían sus padres… cuando vivían. La madre se le murió el mismo día en el que él nació. Luego se le murió el padre en un accidente; venía en uno de esos pedos que se agarraba para olvidar a su mujer muerta y una camioneta lo atropelló en una esquina. Así que el Colo se quedó solo cuando tenía un año, más o menos.
Lo importante es que esa noche había baile y seguro que iría la Fátima que además de ser la nieta de la partera, tenía un culo inolvidable. Ya bañado en la estación de servicio, el Colo comenzó a peinarse a las ocho de la noche. Preparó las “choreaditas” y bien temprano salió para el baile. No sabía bien cómo haría para entrar porque no tenía un peso y por eso prefería estar temprano para ver si la suerte lo acompañaba y conseguía que lo dejaran pasar por la cara o pagando la entrada con unos pesos que podía juntar ayudando a los automovilistas a estacionar sus coches en los alrededores del club. Ya en camino, paró en el kiosco de Don Beto, para darle charla un rato mientras juntaba coraje para manguearle unos chicles. Como de costumbre, Don Beto, después de hacerle preparar los mates, le diría que se agarre lo que quiera siempre y cuando no superara los tres pesos, lo que perfectamente le alcanzaría para unos chicles.
El Colo se crío un poco solo y un poco con su abuela medio ciega y bastante jodida. La vieja se cansó de cagarlo a palos hasta que, el Colo, curtido y harto, la dejó sola y se quedó a vivir en la calle, con algunos pibes de la ciudad.
Todos sabían que al Colo le gustaba chorear a los que veía en su zona y que no eran del barrio, pero aun así nadie lo odiaba y, más que eso, se podría decir que -en su zona- era un pibe querido.
Le preparó los mates a Don Beto y así consiguió los chicles. Eran las diez y media de la noche cuando encaró de nuevo para el baile. A unas tres cuadras del club, se le acercaron unos pibes y le pidieron cigarrillos. El Colo todavía no fumaba. Los pibes lo rodearon y le prometieron una paliza si no les daba las zapatillas. El Colo, que sabía de palos por el lomo, sin inmutarse demasiado, los invitó a que se las sacaran si se la aguantaban de verdad. Al mismo tiempo, los tres pibes se pusieron bien de frente y, como en una coreografía, cada uno sacó una navaja y, sin chances, el Colo terminó con unas nueve cuchilladas. Murió descalzo y tirado en el cordón de la vereda, casi debajo de las ruedas de una camioneta. La Fátima, nunca se enteró de nada aunque la noticia salió en los noticieros de ese día. El Colo no tenía más que trece o catorce años. ¿Cuántos más podría tener? ¿Cuántos más... merecía tener?
Esta mañana salió a la venta en España (y la semana que viene en Argentina) una novela que no recuerdo haber escrito nunca. Claro que la escribí yo, palabra ...
Hace 1 mes.





7 comentarios:
Es una lastima la corta historia del Colo, creo que merecía tener más años. Capaz que estas confundido y en la ambulancia se dieron cuenta que seguía con vida…
Espero que estés bien, abrazos.
Creo que no hay muchos blogs de las características y temática del tuyo en este directorio, me gustaría mucho que participaras.
Saludos, espero verte por www.cincolinks.com.
http://www.katarsis-net.com.ar/archivos/el-dolor-del-tiempo.php#more-428
Un saludo de Helmostro Punk
Mauri K
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Jackie