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Lila Downs - Pecados y Milagros subir

"Habitaré tibiamente tus entrañas para salirme y volverme minúsculo, incompleto, ínfimo. Llenaré de silencio los mares, cruzaré de lado a lado la tierra. Volveré mi vista una y otra vez, para descifrarte y encontrar el canal que me devuelva. Lloraré mis dudas. Me haré más en vientres extraños, para ver el ciclo y elucidarlo. Abdicaré. La tierra me hará suyo, y me abandonará en lagrimas y sudor el agua. El viento me llevará consigo a dispersarme en otros ciclos. El fuego flameará mi olvido." - Gustavo Camacho

jueves, 13 de marzo de 2008

Lo mismo que tantos

14 comentarios


Cantó por cuadras
consignas que apenas si entendía.
Sí entendía,
que todos a cuantos viera
protestaban
y él tenía por lo que levantar su voz
sus manos y sus ojos
que apenas leían
las pancartas.
Bombos y platillos
lo aturdieron por un momento
pero caminar por el medio
de la avenida era nuevo.
Sonrío y se alegró
por estar en tamaña fiesta
y junto a esos que alentaban
con sus megáfonos
caminando de espaldas
casi bailando.

Llegó por primera vez
a la plaza despoblada de palomas.
Vio los pañuelos encanecidos
de las madres de la plaza.
Vio entre el gentío la pirámide
y los árboles poblados
de pájaros morochos
sin camisa.
Vio entre la gente
la cara de una niña que conocía
de la otra cuadra de su cama.

Luego el canto de todos
se distorsionó
hacia lo inexplicable.
Las sirenas policiales
gritaban rompiendo
las arengas,
las espaldas,
las bocas,
las cabezas.

Todos corrían.

El también.

Sabía cómo hacerlo.
Lo aprendió en la peatonal
a pocas cuadras de su cama,
cuando robó
para el pan
o los turrones
del kiosco.

Corrió gritando
eufórico por hacer lo mismo que tantos.
Era uno más.
Así lo sintió.

Y la policía
y sus caballos
y sus escudos y cascos
y sus tanques antimotines
y sus armas
disparando.

¡Pum!.

La ciudad
se puso roja
en un instante.
Y ese sabor espeso en la boca.
Y el dolor en un costado del pecho.
Y todos corrían.

Llegó a sentarse
cuatro escalones abajo
en la escalera del subterráneo.
Se acomodó sobre su lado
como cada noche
desde tanto tiempo
que ni lo recordaba.
Pasó frente a sus ojos
el rostro de una madre inventada,
de sonrisa dulce
y vestido limpio.

Los silencios
ganaron todos los rincones de la avenida.

La noche llegó.

- Mi sargento!. Mire, acá hay un pibe muerto!.
- Es verdad. Llamá a la ambulancia. Que no se arme quilombo. ¿Entendido cabo?.
- Positivo mi sargento!.


14 comentarios:

Bea dijo...
Ese final venía casi inevitable, después de tu anticipación.
Si te sirve, me transportó a atisbos de lágrimas que no salieron, pero están todavia a punto. Me produjo tristeza e impotencia, como si de
verdad hubieras contado este hecho ocurrido hace minutos. Pero, es verdad que ocurre a cada minuto.
No te puedo decir muy lindo, sólo murmurar qué "bastardo", removiendo
el dolor no olvidado.
Qué cosa, tantas plazas abandonadas en nuestro país y ésta tan memoriosa!!!
Un abrazo
Patto dijo...
Lo de la madre inventada me desarmó.

Esta muy bueno.

Saludos...
Pilar dijo...
Es increíble que esto sea parte de la vida cotidiana!.
Lo que escribís ayuda a quienes te leen, a tener una visión real del mundo.
Cada vez que puedo leer algo tuyo me alegro mas de ser tu hija, aún más el poder compartir momentos eligiendo cosas para la vida y cosas inolvidables, entre ellos: Libros y el amor a las letras.
Tu forma de escribir es cada vez mejor, se nota que disfrutas lo que hacés y siempre lo vas intentar!.
Papá,te amo!!!!
Gustavo Camacho dijo...
Bea: Pensé en enviarlo a dormir a su cama de la escalera, pero escogí en completar la tragedia que conlleva el abandono.
Te devuelvo el abrazo y gracias.

Patto: La madre que el se inventa es modesta, sólo una sonrisa dulce y un vestido limpio. Suficientes para contrastar a tantas madres y a tantos que evadían su sonrisa y se alertaban por su higiene.
¿Por dónde empezar?.
Por no negar la realidad.
Saludos.
Gustavo Camacho dijo...
Hija. Hija. Hija.: Claro que es increible y también avergonzante.
Ojalá siempre pueda ayudarte a tener la visión que mencionás. Ojalá esto te ayude.
No estoy del todo de acuerdo que vengas por aquí, pero a la vez, me alegra mucho que lo hagas.
Qué linda nuestra lista de amores!.
Qué orgullo y cuánta felicidad me dá ser tu padre!.
Hija, te amo!!!!. Tanto!.
Tomás dijo...
Gustavo

me alegro por esa buena vibración que tenéis padre e hija
y por supeusto me alegro por este tipo de poesía, me alegro por aquellos que escriben sobre el dolor de los demás porque quizá ellos ya no pueden hacerlo, me alegro que haya poetas como tú gritando en contra de la injusticia ...

un abrazo
Gustavo Camacho dijo...
Tomas: Cada día que pasa la relación con mi hija es mejor. Pronto cumplirá sus diez años y es asombrosa su forma de pensar. Nos amamos!.

Anhelo que mis intentos lleguen a ser un grito que se escuche y cunda de tal forma, que de una vez por todas nos pongamos a echar manos a tantos asuntos de los que deberíamos tener vergüenza como especie.
Cada país tiene su llanto. Mira el voto de la ETA. Mira los recluidos de Chiapas y las maquiladoras de Juares y Puebla. Mira el muro de los yanquis y el de los israelíes. Mira a Colombia y las tonteras de su gobierno y las FARC. Mira toda Africa. Mira a Irak a Afganistan a Iran a Palestina. Mira al niño de cada semáforo de cada esquina de países como el mío y sus bolsas de pegamentos.
¿Qué hemos hecho y qué seguiremos haciendo?.
Mi niña cumplirá diez años y su mirada es consciente. Por lo menos sabrá que no me he quedado en silencio.
Tomás dijo...
gracias Gustavo, ¿10 años? guau

tienes razón, cualquier país tiene lo suyo pero todos tenemos niños eb los semáforos, niños que no comprenden el mundo porque sus padres, es decir, nosotros no damos los auténticos valores, puede por dejadez, por el trabajo, por ...
y los que podemos debemos alzar la voz, nunca callar, no

un abrazo
Elbereth dijo...
Tienes un blog lleno de cálidos sentimientos, de lucha, y de esperanza.

Es conmovedor y escalofriante lo que has escrito.

Un saludo.
Enredada dijo...
este escrito me recuerda a tantos gritos desesperados, a tanta injusticia...
gracias Gustavo, palabras que nunca se llevará el tiempo...
Gustavo Camacho dijo...
Tomás: Las excusas y hasta las razones, pueden ser innumerables. Lo que cuenta es la acción. Aquello que nos surja y modifique. Es nuestra obligación alzar la voz. Es nuestra obligación denunciar. Es nuestra obligación y es hora de cumplir con ella.
Abrazo.

Elbereth: Quiero citar a una artista que admiro: "¡Hace tiempo que me desangro y ninguno se ha fijado!". Creo que sabes de quién hablo. Pues bien, si los cálidos sentimientos, la lucha y la esperanza, consiguen que no dejé de escuchar esos gritos, aquí estaré, dejando la vida en cada intento.
También te saludo.

Enre: Ese es el objetivo!. Apelar a tu memoria... a tus emociones... a tus acciones.
Gracias por el encanto de tu existencia.
Sylvana dijo...
Escalofriante, y aún más duro por el contraste de sentirse parte de "la fiesta", por evocar a una madre con sonrisa.

Y el final irremediable...
Elipse dijo...
Tal vez se conocieron...
tal vez se ignoraron...pero ambos de alguna manera representan esa parte tan triste de una realidad que no podemos cambiar!Un gusto y sea bienvenido!!
Gustavo Camacho dijo...
Sylvana: Un niño en la calle siempre contrasta. Es el lado negativo de nuestra sociedad.

Elipse: Te espero por aquí ame nudo y quiero que sepas que me ha dado mucho gusto visitar tu impulso voluntario.
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